No será un domingo sencillo para Sagan

AFP

El infierno espera el domingo a los ciclistas de París-Roubaix, en la 116 edición de una carrera incomparable, la reina de la temporada de las clásicas, que será más abierta que nunca, pese a la presencia de Peter Sagan y el dominio reciente del equipo Quick-Step.

¿Terreno seco o mojado? ¿En otra palabras, el polvo o el barro? Los dos pueden estar presentes el domingo en los 257 kilómetros que separan Compiegne, en la periferia de París, y el Velódromo de Roubaix.

“Es una París-Roubaix muy delicada la que se anuncia para los ciclistas”, previene el director de carrera, Thierry Gouvenou.

“Lo más duro es alternar seco y mojado, como puede ser el caso”, añade.

En este infierno que espera a los participantes, que corren a más de 50 km/h para llegar en buena posición, el riesgo de caída aumenta por la hierba que crece sin cesar entre los adoquines en ciertos sectores, sobre todo por la mañana cuando puede ser resbaladizo.

“La más prestigiosa de las clásicas”, según el legendario Eddy Merckx, que la conquistó tres veces (una vez menos que Roger De Vlaeminck y Tom Boonen), seduce sobre todo a los especialistas y asusta en particular a los ciclistas de grandes vueltas, que la huyen, aunque el Tour de Francia se desarrollará el 15 julio en 20 km de estos adoquinados. Una de las dificultades de la Grande Boucle.

– El sueño de Sagan –

Al menos, hace soñar al campeón del mundo, Peter Sagan, desafortunado regularmente hasta ahora en los adoquines (sexto como mejor clasificación) pese a su excepcional habilidad sobre la bicicleta. “París-Roubaix es una carrera imprevisible y es por ello que me intriga”, dice el eslovaco (28 años) para justificar su predilección por la clásica, una de las raras carreras que veía por televisión cuando era niño.

Sagan, mejor rodeado que en ediciones pasadas, aparece como el máximo favorito, y si cumple los pronósticos podría convertirse en el primer campeón del mundo, vencedor en Roubaix desde Bernard Hinault en 1981. También optan al triunfo el vencedor del año pasado, el belga Greg Van Avermaet, y el tridente del equipo Quick-Step, el más fuerte colectivamente en las clásicas precedentes.

Difícil para este equipo acostumbrado al éxito elegir entre el holandés Niki Terpstra, irresistible el domingo pasado en la Vuelta a Flandes, el belga Philippe Gilbert, casi debutante en la París-Roubaix pero bien armado, y el checo Zdenek Stybar, un especialista en barro, si aparece.

Los belgas, dominadores en el pasado, creen también en Sep Vanmarcke, en Jasper Stuyven (atención a su joven compañero danés Mads Pedersen, de 22 años) o en el campeón del mundo de ciclo-cross, Wout Van Aert.

Aunque siempre puede decidirse el triunfo en un pequeño esprint (Degenkolb, Démare, Kristoff) o una sorpresa tan considerable como la protagonizada por el australiano Mathew Hayman, campeón en 2016.

Sagan (segundo en juveniles en la París-Roubaix hace diez años) resume y recuerda en qué consiste la reina de las clásicas: “puede pasar cualquier cosa en cualquier momento