La lucha contra el rey

Por Yasiel Cancio Vilar, enviado especial

El Mundial de atletismo de Londres mantiene en vilo hoy a los fans del deporte. Usain Bolt, Yulimar Rojas o Wayde Van Niekerk son el pan nuestro de cada día. Empero, la capital británica es fiel… Âíal fútbol!

En medio de récords singulares, carreras antológicas, derrotas célebres -Bolt mediante-, saltos enormes o disparos dorados, el atletismo cobró vida en el estadio Olímpico Reina Isabel y cada día atrae a más de 66 mil almas a sus tribunas.

Los vendedores de souvenirs se ponen las botas por estos días en Stratford, el concurrido barrio de la competición, al punto que una bandera pequeña de Jamaica, Japón o la Conchinchina la pasan, sin mucha demora, en cinco libras esterlinas (6.50 dólares).

En medio de tanta publicidad y revuelo mediático, el atletismo pareciera no tener rivales -todo el mundo quería ver la carrera de Bolt-, pero nada más lejos de la realidad, la comparación con el fútbol raya el absurdo.

Aquí se hablaba tanto del rayo jamaicano como del traspaso del brasileño Neymar desde el Barcelona hacia el Paris Saint Germain, o de las posibilidades del Chelsea de revalidar la corona de la Liga inglesa ahora que debe jugar varias competiciones a la vez, en especial la Premier y la Champions, o de la inversión mega-multimilloria del Manchester City.

Y para qué hablar del otro día cuando el portugués del Real Madrid Cristiano Ronaldo dijo que en Inglaterra nunca había tenido problemas con el fisco y le gustaría regresar en algún momento.

ÂíFue una bomba! No hubo medio de prensa que lo pasara por alto, ni fan que deseara que el lusitano fichara por el club de sus amores: sea Manchester United, Chelsea, Arsenal, Tottenham, Manchester City o el mismísimo West Ham, cuyo cuartel general en la Premier es el estadio Reina Isabel.

En la última década, el mundo del músculo comenzó a caminar por senderos cenagosos. La industria se apoderó del negocio e inició una peligrosa división de géneros. Hoy podemos decir que existe el deporte y además el fútbol, como si este no entrara en la gran categoría.

Dicen que el mayor espectáculo deportivo del planeta son los Juegos Olímpicos, seguidos por la Copa del Mundo de fútbol, y la cita del orbe de atletismo. El cuarto nadie sabe a ciencia cierta cuál es.

Pero a estas alturas el fútbol no tiene que llegar ni a la Copa cuatrienal para sobrepasar a todos sus rivales en popularidad y visualización. Es un fenómeno global que todos los años enriquece su status quo y adiciona más y más feligreses en todos los rincones del planeta.

Es tanto su poderío, que para cumplir con lo mínimo, a los Olímpicos solo envían a jugadores sub-23, más un puñado de refuerzos sin límite de edad.

Recordemos que el grandísimo Mundial de atletismo de Londres, una de las ciudades más espectaculares sobre la faz de la Tierra, ocupa ahora mismo un tenue segundo plano y eso que las grandes ligas europeas de fútbol apenas dan retoques a sus competiciones, en plena fase de pretemporada.

Nadie lo dude, la competencia entre atletismo y fútbol es desleal… y eso que gracias a Dios existe Usain Bolt.

Aunque bueno, ahora que me percato, el fenómeno de la tierra del reggae pidió la jubilación del atletismo y acordó un precontrato con el Borrusia Dortmund alemán, para jugar… !al fútbol!