Juegos de Invierno en alerta

AFP

Nadie dijo que sería fácil organizar los Juegos Olímpicos de Invierno en un desconocido rincón de Corea del Sur. Pero con la suspensión de Rusia y la amenaza nuclear latente, el anfitrión espera que las próximas semanas ayuden a rebajar los riesgos.

A menos de dos meses de los Juegos, los organizadores hacen frente a un cúmulo de circunstancias fuera de su control.

Rusia, potencia del olimpismo invernal, está sancionada por el dopaje institucionalizado, mientras Corea del Norte multiplica los lanzamientos de misiles nucleares y de ensayos a la vez que aumenta la escalada dialéctica bélica con el presidente estadounidense Donald Trump.

“Nubarrones negros presentes en los Juegos de Invierno de 2018”, publicaba recientemente el periódico JoongAng Daily.

Además, el interés del público por estos Juegos parece limitarse al país anfitrión, cuyo ministro de Unificación Cho Myoung-Gyon expresó su temor a una nueva provocación de Pyongyang, que según él, sería “un golpe definitivo” para los Juegos.

Pero los organizadores no caen en el desánimo. “El ministro Cho sobrepasó los límites de su cargo”, señala el presidente del comité organizador (Pocog) Lee Hee-Beom. “El deporte debe ser diferente a la política”.

– Escalada bélica –

Aunque el presidente Moon Jae-In reconoció que las tensiones eran “más elevadas que nunca” en la península, confía en que se trate de “la oscuridad antes del alba”. “Todo se resolverá, es sólo una cuestión de tiempo”, añadió a la agencia Yonhap.

Acusada de dopaje de Estado y de manipulación de muestras, Rusia está excluida de la cita olímpica.

Su presidente Vladimir Putin denunció una suspensión “política”, pero aseguró que Moscú no hará boicot a los Juegos, permitiendo a los deportistas rusos “limpios” que compitan bajo bandera neutral.

Paralelamente, las ambiciones militares de Pyongyang y su retórica bélica han estirado las tensiones.

Corea del Norte se halla a 80 kilómetros de la sede de los Juegos. En 1988 ya boicoteó los Juegos de Seúl-1988 y aún no ha confirmado su participación en 2018.

“Este doble mazazo -Corea del Norte y Rusia- repercute significativamente en nuestros esfuerzos por hacer de los Juegos un éxito”, comenta Yoo Jong-Sang, profesor de estudios del Deporte en la Universidad de Nambu de Gwangju.

– “Mantener la calma” –

Al menos las malas noticias han suscitado atención sobre Pyeongchang. El parecido entre los nombres de la sede de los Juegos y la capital de Corea del Norte Pyongyang, ha derivado en situaciones confusas. Un delegado keniano en una conferencia de la ONU organizada en 2014 en Pyeongchang tomó por error un vuelo a Pyongyang, donde fue interrogado durante cinco horas antes de ser liberado.

Para Marcus Luer, presidente de Total Sports Asia, una agencia de marketing deportivo con sede en Malasia, es “la ausencia de publicidad” lo que sería “malo” para Pyeongchang.

Pero los organizadores se muestran optimistas en aspectos como la venta de entradas, que ha mejorado desde que la llama olímpica llegó a Corea del Sur en noviembre.

El domingo se habían vendido 586.300 entradas del 1,18 millones puestas a la venta, lo que supone casi la mitad del total.

Lee Jie-Hye, portavoz del Pocog, subraya que en condiciones normales la mitad de las entradas se vende en los dos meses precedentes a los Juegos y durante la propia competición.

Marcus Luer aconseja al Pocog que se centre en su tarea y que no se distraiga en lo que ocurre a su alrededor.

“Deben mantener la calma, concentrarse en su trabajo, que es organizar unos Juegos perfectos. Es todo lo que pueden hacer”, indica.

“Lo que pase en el mundo se escapa por completo (de sus competencias). Su trabajo es albergar los Juegos, y no preocuparse por la política”.