A los 32 años, Jahmani es la nueva estrella de Harlem

AFP

A los 32 años, Jahmani Swanson, basquetbolista de solo 135 centímetros, ya es miembro de pleno derecho del célebre equipo de los Harlem Globetrotters, una consagración para este neoyorquino, hijo de una madre enana y un padre de talla normal.

En el Barclays Center de Brooklyn, decenas de fans hacen cola para conseguir una foto o un autógrafo de Jahmani Swanson, alias “Hot Shot”, que acaba de terminar su primer espectáculo con los colores de los “Globies” y ya es el miembro más popular.

La mayoría de los adultos ignoraban hasta hoy la existencia de este basquetbolista enano de 1,35 m, pero los niños le conocen perfectamente gracias a algo que define hoy en día gran parte de sus referencias culturales: YouTube.

En los vídeos de Swanson, titulados “Mani Love”, “Mani Fresh”, “Lil Engine” o “The Athlete”, sus diferentes apodos de basquetbolista callejero, encadena driblings a menos de 20 cm del suelo, enfrenta al actor Jamie Foxx en un mano a mano, o encesta triples desde cualquier parte. Todo con un estilo espectacular.

“Creo que es un buen fichaje, simplemente por su tamaño. Eso atrae la atención”, se entusiasma Kenyon Pickering, un hombre que acude al espectáculo con sus dos hijos. “Va a vender muchas entradas, está claro”.

La llegada de Jahmani Swanson, que bate por 22 cm al jugador más pequeño de su historia, es una operación excelente de promoción para los Harlem Globetrotters, que atraen dos millones de espectadores al año en sus cerca de 350 actuaciones, 230 de ellas en Estados Unidos.

Y aunque participa, igual que los demás, en los múltiples gags y sketches de la compañía, “Hot Shot” no es un animal de feria, sino un verdadero jugador de baloncesto, cualquier cosa menos un impostor.

AFP / DON EMMERT“Hot Shot” Swanson se cuelga de la canasta tras haber sido alzado por los aires por sus compañeros de equipo en su partido contra Washington Generals en el Barclays Center, el 26 de diciembre de 2017 en Nueva York

– ‘Mido dos metros’ –

Los cuestionamientos y las dudas sobre sus capacidades no son nuevos, y el nativo de Harlem ha tenido que enfrentarse a ellos toda la vida.

“Me pongo a prueba todos los días”, dice este treintañero de mirada dulce y sonrisa encantadora. “En cada gimnasio, en cada ciudad por la que paso, la gente me mira fijamente, y algunos ríen y se preguntan: ¿quien es este tipo tan pequeño? ¿qué es capaz de hacer? Y cuando encesto la primera canasta, o hago el primer drible, enloquecen”.

Hijo de una madre enana y de un padre de talla media, Jahmani Swanson aprendió a andar y a hacer driblings prácticamente al mismo tiempo, recuerda Sabrina, su madre.

A muy temprana edad ya era imposible separarle de su balón, que picaba al mismo tiempo que leía sus libros, y que se llevaba a la cama por las noches, después de haber vuelto locos a los vecinos del piso de abajo.

Cuando tenía ocho años, su madre le inscribió en los primeros torneos: “Me dijeron que querían tratarle de forma un poco diferente”, recuerda. “Les dije: no, trátenlo como a los demás”.

Y aunque tuvo que trabajar “diez veces más” para dominar un balón y una canasta concebidos para deportistas cuarenta centímetros más altos que él, Jahmani se convirtió en un jugador como los otros.

“(Mi madre) nos acostumbró al tratarnos como si tuviéramos una altura normal”, explica. “Y así vivo mi vida. Cuando camino por la calle, mido dos metros”.